Este tema de reflexión surgió en una charla que tuve con mi compañera de prácticas en el descanso. El tema del que hablabamos era el amor y como se viven las relaciones de pareja. El caso es que mi compañera de prácticas es de china, y aunque suene a tópico, es muy cierto que los chinos siempre tienen una frase sabia para todas las cosas importantes que merecen una reflexión.
En concreto mi compañera dijo: Una relación de pareja es como un balancín o como yo los he llamado siempre un "subi-baja". Estuve unos segundos parandome a pensar la frase y a medida que la meditaba me di cuenta de que es cierto. Siempre hay alguien en la pareja que está arriba y otro abajo (y no me refiero con ello a una postura sexual) y estas posiciones pueden cambiar como en un subi-baja.
Las posiciones hacen referencia a que siempre hay uno que se entrega más que otro, siempre hay alguien que quiere más, siempre hay alguien que sufre más,etc.
Lo ideal sería una balancín equilibrado. La pareja es feliz, porque ambos están elevados y están disfrutando de la emoción del balancín. Pero esto es utópico. En el balancín para que disfruten los dos, uno debe hacer esfuerzo y pesar para elevar al otro y que disfrute, y luego intercambiar los papeles. Y es ahí cuando creo que se rompen las parejas.
Lo malo es quedarse arriba del balancín. Sin tocar con los pies el suelo. Estas alegre, disfrutando de la emoción de estar arriba. Eres feliz. Sin embargo la otra persona se aburre en el suelo. Puede aburrirse tanto, que puede llegar a bajarse de repente del balancín provocando la caida del que está arriba, por eso, siempre que se acaba una pareja, quien más sufre es el que está arriba, porque es el que se lleva el batacazo más fuerte contra el suelo. Y te acabas quedando solo en el balancín y tienes que buscar otra persona para disfrutar o bajarte y distraerte con otros columpios.
Ojala todo fueran tan fácil como jugar en un balancín, aunque no sé, si realmente las cosas son así de complicadas, o nos gusta complicárnolas. En cualquier caso, los balancines siempre están ahí. Unos con dos personas disfrutando más o menos, y otros vacíos esperando que se suban una pareja para disfrutar.
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sábado, 16 de julio de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
Distancias:
Hay muchos tipos de medidas de distancia. Algunas distancias son numéricas y cuantificables: metros, kilómetros, millas, años luz, etc.
Otras distancias no son medibles. ¿Se puede intentar medirlas? Quizás, pero nunca sabrás con exactitud cual es la cantidad que separa los dos puntos. Existe distancia entre un objetivo planteado y su consecución. Estaría compuesta por los pasos a seguir hasta cumplir el objetivo. Esta parece cuantificable.
¿Se puede medir la distancia que separa a dos enamorados situando a cada uno en un continente? Pues sí. Muchos pensaran que son los kilómetros que los separan. No les falta razón. Pero yo pienso que entre dos enamorados influyen otras cosas. El amor que se demuestran, la comunicación intensa, los detalles... Eso rebaja la distancia. No se puede eliminar la distancia física, pero si se puede suavizar con predisposición. ¿Y porqué el miedo a la distancia?
Creo que se le tiene miedo a la distancia porque supone esfuerzo. Lo que está cerca es más cómodo, más seguro. Pero si te esfuerzas, poco a poco la distancia se reduce.
¿Y si tomaramos el ejemplo al revés? ¿Existe distancia entre dos personas que se odian? También y sin embargo, parece ser en ocasiones menos insalvable, porque no solemos tener miedo a enfrentarnos a lo que odiamos. ¿Y cómo es la distancia entre dos personas que ya no estan enamoradas? ¿Y cuando una persona deja a otra y la otra sigue amando a la persona? En este punto no encuentro respuesta. Solo llego a la conclusión, que no son sólo los pasos que separan al punto A del punto B, si no algo más o algo menos, en función de los sentimientos de cada uno.
martes, 3 de mayo de 2011
Antes de que caiga el telón...
Dijo Shakespeare:
"El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores."
No podía estar más de acuerdo con esta frase. Todos desempeñamos varios papeles y roles a lo largo de nuestra vida. A veces escogemos un papel por iniciativa propia, y otras veces nos vemos involucrados en guiones que ni siquiera sabemos como hemos llegado a ellos.
Yo, hoy mismo, quiero finalizar mi papel en una obra. El título de la obra no lo puedo decir, más que nada porque no lo sé. Sólo el tiempo me sabrá decir que título mereció.
Pero antes de terminar mi rol, antes de recitar mi última frase, quiero dedicarle un último homenaje a la historia. No es para menos, dado que es el final y merece una última actuación sobresaliente.
Voy a realizar este homenaje acompañado de mi amiga tristeza. Dado que:
- Cuando una obra es mala, te da igual como termine, porque sólo deseas que acabe.
- Cuando es buena y tiene un mal final, quedas decepcionado, apesadumbrado, pensando que tú podrías haberlo hecho mejor.
- En cambio, si la obra es buena y además termina bien, sólo te queda tristeza. Tristeza porque terminó a pesar de todo lo que disfrutaste. Y la inevitable pregunta: ¿Porqué tuvo que acabar?.
Por ello he llamado a un artista invitado para que cierre esta obra. No se trata ni más ni menos que del gran Raphael. Como podréis comprobar, se ha vestido para la ocasión. Su apariencia es la idónea, con la que más me identifico.
Siempre he tratado y trataré de hacer feliz, de hacer reír a la gente. Este es el fin de los payasos. Nunca sabré si la gente se ríe conmigo o de mí, pero me da igual, porque, hoy, quiero ser un payaso triste que canta una balada triste de trompeta por un pasado que murió.
Y sólo entonces, finalizada esta actuación, puede caer definitivamente el telón para dar comienzo a un nuevo espectáculo.
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